El genovés Sandro Giacobbe volvió a la capital tras más de veinte años, ofreciendo un concierto que no dejó indiferente a nadie.

Es lunes 28 de octubre y Madrid se cubre de noche y estrellas para recibir a una de las grandes leyendas de la canción italiana en uno de los más populares teatros de la Gran Vía Madrileña, el EDP. Dan las ocho en el reloj y el futuro público toma el lugar en cuestión de minutos, todas las butacas llenas de sonrisas y miradas expectantes que esperan al que en un verano setentero conquistó su corazón, el genovés de sonrisa casanova Sandro Giacobbe. Son las ocho y media y el EDP funde, con aplausos eufóricos por el espectáculo, sus luces de sala. Entre una estridente guitarra y los sonidos synth y pianos de sus acompañantes entra entre el tejido de felicidad de su público la estrella de la noche, el incomparable Sandro Giacobbe. Con una sonrisa impecable por la cual los años no hicieron estragos suenan las primeras piezas de la noche “Como va” y “El viejo Antonio”. Canciones de la talla de “Tu mi cielo tu mi alma”, “Toda la vida” o “Sei musica” son las encargadas de introducir hacia la medianoche un espectáculo memorable. Su compañera de escenario, de composiciones y de vida, Marina, conquista a su público con un dueto al lado del maestro genovés, y más tarde, con los sentimientos a Flor de piel, dedica la siguiente pieza de la noche a su querida hija, que marcha del hogar con ganas de quedarse tras escuchar desde el puño y letra de su madre la canción “Due Gocce Di Poesia”

Marina vuelve a su micrófono y Giacobbe lidera de nuevo el escenario, siendo el protagonista bajo los focos. “Portami A Ballare”, “Amor No Te vas” y “Nina” son las piezas encargadas de cerrar la primera parte del concierto. Se encienden las luces y por quince minutos se apagan los corazones encendidos por la magia de Giacobbe, que retoman el pulso cuando vuelve al escenario cantando junto a la representación de dos maestros del tango, una versión muy gardeliana de su popular Senora Mia. “Solo un Bacio” y “Esta Noche Loca” acontecen el gran momento de la noche. Para todos los presentes es imposible olvidar las veces que bailaron y cantaron al son de la voz de Giacobbe en el que fue sin duda su gran éxito, una de las canciones más bailadas en la segunda mitad de los 70s, “El Jardín Prohibido” es cantado al unisono junto a la entonada infidelidad de Sandro que fue, a pesar del dolor de la pasión, su suerte.  La gente aplaude prendida en euforia incapaz de haber olvidado tan inolvidable hit. Tras habernos aventurado a pasar a el jardín prohibido de Giacobbe, comienza la parte final del concierto.

Son imposibles de olvidar las canciones de Sandro a lo largo de la historia, como imposible es quedarse con solo uno de esos temas, y eso, es algo que bien conoce el maestro genovés, por ello regala a sus fans un medley de éxitos de sus mejores 70s y 80s, que es bailado por todos los asistentes, ya llenos de locura producida por el ritmo de Giacobbe. “Será la nostalgia” empieza con acordes, que no dan más que lo que nos indica el título de tal éxito; nostalgia en estado puro. Aún podemos oír las lágrimas de emoción cayendo de mejillas sonrojadas al haber escuchado una y mil veces este éxito a través de los años, que fracasan en el intento de dejar en el olvido estas canciones. Sandro abandona el escenario con un enorme “Gracie”, pero es incapaz de no volver, su público, la gente que bailó como nadie sus temas, le reclaman entre gritos de éxtasis y aplausos arrítmicos por la energía imparable que le ha dado la música de esta noche en el EDP. Giacobbe vuelve, con más energía que nunca al escenario, y entre palmas, coros y confeti nos regala sus últimas canciones “Yo Quería”, “Chisa Pero” y, de nuevo, ese maravilloso estribillo de El Jardín Prohibido. Sandro baja a la platea en su final y sus fans, ebrios de ritmo, le abrazan para agradecerles este tributo a su nostalgia que, al igual que ellos, nunca envejeció.

Sandro Giacobbe ha demostrado esta noche en el EDP de Gran Vía, que su música nunca se olvido, nunca se acabaron las noches en las que sonaron tantas veces sus temas, y que Madrid, a pesar del paso del años, sigue sedienta de canciones. Pura fuerza, pasión y sentimiento.